Se refugiaba tras la densa capa de nubes. Pensaba que de esa forma, nadie descubriría su capacidad de brillar. Lo que no sabía el sol, es que entre nube y nube, quedaban pequeños y transparentes resquicios por los que se podía observar su lado verdadero. Esos resquicios, eran los únicos culpables de que, a pesar de que ella saliese cada noche con su ejército de estrellas para protegerse, en el fondo, la luna estuviese dispuesta a compartir su tiempo. Algo, que tan solo ocurría algunas tardes dispersas, cuando ambos decidían permanecer juntos en las alturas. Ella queriendo adelantar su salida y él, retrasando su marcha. Atreviéndose mirarse a los ojos... sin miedos...

La vida fluye entre frases de canciones, días de sol o lluvia, y viajes entre las páginas de los libros, aportándole motivos para soñar. Hay sueños y sentimientos que si nunca ven la luz, ni sienten el calor del sol, formarán a pasar parte de recuerdos olvidados que tarde o temprano acabarán congelándose de tal manera que nadie se acuerde de ellos. Los elegidos tendrán el privilegio de transformarse en textos que inunden tu mirada.
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