viernes, 29 de marzo de 2013

Me paro a pensar y...


domingo, 24 de marzo de 2013

Ella queriendo adelantar su salida y él, retrasando su marcha.

Se refugiaba tras la densa capa de nubes. Pensaba que de esa forma, nadie descubriría su capacidad de brillar. Lo que no sabía el sol, es que entre nube y nube, quedaban pequeños y transparentes resquicios por los que se podía observar su lado verdadero. Esos resquicios, eran los únicos culpables de que, a pesar de que ella saliese cada noche con su ejército de estrellas para protegerse, en el fondo, la luna estuviese dispuesta a compartir su tiempo. Algo, que tan solo ocurría algunas tardes dispersas, cuando ambos decidían permanecer juntos en las alturas. Ella queriendo adelantar su salida y él, retrasando su marcha. Atreviéndose mirarse a los ojos... sin miedos...

sábado, 23 de marzo de 2013

La complicada tarea, de saber lo que se quiere.

La vida, nos presenta ocasiones en las que no resulta sencillo saber lo que queremos. Acción que se complica cuando el objetivo no aporta ninguna seguridad, sino, más bien todo lo contrario. El mero hecho de que, todo dependa de tus respuestas, no te aporta ningún valor para afrontar los miedos y lanzarte a la piscina. No es sencillo, sabiendo que si tu no te tiras, no va a haber dolor. Ni siquiera va a importar tu ausencia si decides marcharte. Y sin embargo, es todo tan contradictorio, que estas situaciones son las que más intriga, desasosiego y a la vez enganche nos provocan. Si ya de por sí, es complicado dar con la elección acertada, escribir lo que se quiere/siente no es nada fácil. Llega incluso a ser frustrante, ya que te crea un desasosiego interior, al darte cuenta de que eres incapaz de controlar tus propias emociones. Y cuando menos lo esperas, cuando crees que eres la persona más rara del mundo, cae en tus manos un maravilloso libro que te hace ver, que no eres la única que se ha sentido así, que aunque tengas entre manos una historia de ficción, no tiene nada que envidiarle a la realidad. Y mientras te sumerges en la historia, cuando más implicada te encuentras en el desarrollo de todo lo que sucede entre reglón y reglón, de repente, pasas una de sus páginas y te encuentras con algo que llevas mucho tiempo queriendo expresar. Un texto que te identifica al 100%, y sin dudarlo un segundo sabes que eso es lo que quieres. Alguien a quién poder decirle todo lo que esas palabras encierran, alguien que te provoque que todo eso salga de tu corazón, por que sabes que si lo haces, es porque te aporta la seguridad necesaria para saber que merecerá la pena arriesgar.




"Lo más complicado de este mundo es no reaccionar de la misma manera a estímulos parecidos. Te hieres y te entristeces... Deseas algo y lo observas... Y a veces no sabes si hacer algo, paralizarte o justo lo contrario... Cada persona tiene reacciones, resortes que provienen de su infancia...
Los resortes nos causan infelicidad porque nos llevan a los mismos lugares, y en esos lugares ya hemos estado y vuelve a haber ahí decisiones y nuevos resortes que nos llevan a otros sitios semejantes al primero donde estuvimos... Y cambiar los resortes o las costumbres es casi imposible porque desactivas uno y aparecen diez...
Yo te propongo que me permitas cambiar mis resortes a tu lado. No los juzgues y no los pongas en cuestión. Y yo haré lo mismo por ti... Te permitiré cambiar, que hurgues en tu interior, que me ofrezcas otra versión de ti mismo y no la juzgaré...
Quiero que llegues a ser tú mismo conmigo... Que tu resonancia interna, eso que te hace vibrar, suene igual que tu resonancia exterior... Que te sientas uno sólo... Que no necesites buscar la respuesta porque ya la tienes dentro de ti...
Pero todo esto sólo funcionará si hacemos un pacto... Si hacemos equipo, si confiamos en el otro, si el respeto para dejarle modificar sus resortes existe.
La esfera que nos rodea ya no nos deja movernos. Esa esfera está construida con nuestros resortes más inamovibles. Crear una esfera nueva que nos cobije es lo más complicado pero es la única forma de continuar. Te ofrezco crear esa nueva esfera que nos permita ser tu nuevo tú y mi nuevo yo..."


Texto extraído del libro "Brújulas que buscan sonrisas  perdidas".

martes, 19 de marzo de 2013

Ausencia de motivos.

Todo tiene un final. Y no todos tienen por qué ser algo negativo. Lo mejor de los días duros, o difíciles, es cuando acaban. No por no tener que seguir soportándolos, sino, porque si te paras a pensar, te das cuenta de que has podido con ellos. Un año más. En verdad esté ha sido el más complicado de todos. No quiere decir que los anteriores fuesen más fáciles. Simplemente, aun me quedaba algún motivo para unirme a esa mayoría de personas para las que, vete a saber por qué, o quién, hoy está marcado en el calendario como un día especial. Mis motivos no están. Ni hoy en mi calendario lucia un círculo rojo. No me he arreglado para salir a comer con nadie. Ni lo he hecho para una cena especial. Por equis cuestiones, nuestros caminos se separaron. Eso no quiere decir, que no me duela celebrar el día de hoy. Me lleva doliendo cada día, desde hace mucho tiempo. Cada día. No solamente hoy. Pero aparentar ser fuerte, implica que nadie se preocupe por como te sientes realmente. Sé que hay decisiones que he tomado yo misma, que han hecho que ciertas direcciones fuesen contrarias. Y casualmente, esa parte, es la que menos me duele. El resto, los motivos que se han ido borrando en contra de mi voluntad, son los que más peso me aportan.
Pero ya no hay sol. En realidad, no lo ha habido en todo el día. Las nubes se han encargado de ocultarlo. Supongo que la luna permanecerá ahí fuera, con la vista empañada por las gotas de agua que durante todo el día se han encargado de cubrir el asfalto. Y ya nada obliga a seguir soportando este día. Por fin se acabó.





domingo, 17 de marzo de 2013

Absurda confianza.




Lo sabía perfectamente.
El transcurso del domingo no iba a tener un aire diferente.
Ni un segundo de desconexión para mi cabeza. 
Todo ese mismo tiempo para la ignorancia de su parte.
Para todo su pasotismo.
Debí de verlo antes.
Todo esto solamente era más de lo mismo.
Un absurdo juego de niños.
Ni si quiera eso. 
Ahora son menos cobardes.
Soy consciente de que he entrado al trapo.
De lleno. Como una absurda.
He querido confiar. Arriesgar.
Y porqué no, dar una oportunidad.
Está claro que soy la única que le ha otorgado el beneficio de un ¿y si sale bien?
a algo, que visto lo visto, no la merece.
De la misma forma, que no merece que le de importancia,
y mucho menos ninguna más de mis lágrimas.
Tengo mucho que dar.
Estaba dispuesta a hacerlo.
Pero hubiese sido un derroche...
Valgo para bastante más que
para ser un por si acaso entre un millón.

sábado, 16 de marzo de 2013

El resto del mundo sigue girando.




No sé cuándo, ni cómo pasó. No quiero entenderlo. Solamente me gustaría saber en qué momento y por qué, me convertí en tu vivo retrato. No es la ocasión de hablar de ello. Pero, sí de sus consecuencias. Ahora estoy aquí, tratando de comprender cuál es la razón que motiva a todo el mundo a decir "quítate el escudo, y todo será mejor". ¿Qué les lleva a mentir de ese modo? Dejarlo caer solamente implica desnudarme. Volver a ser yo. A preocuparme sin límites. Vuelvo a estar dispuesta a dejar el miedo de lado. Pero nadie viene a cubrirme del frío  Nadie viene a hacerlo más fácil. Nadie mira por mí. Y vuelvo a caer. A romperme un poco más que ayer. Pero eso da igual. Soy la única que lo pasa mal. El resto del mundo sigue girando.

viernes, 15 de marzo de 2013

Con todo para ti. Y nada a mi lado.

Transformar un sentimiento en texto, tarea complicada. Se vuelve en imposible, cuando se desconoce totalmente que se siente. Por eso me atrae(s) tanto. Me habla de grises, y después solo me da blancos y negros. Me descoloca. De la misma forma, desde el primer día. Extremos opuestos. Enfrentados. Fases sin compensación. Ni equilibrio. Llegó tomándose la libertad de romper mis esquemas. Esos que llevaban establecidos el tiempo suficiente como para convertirse en ideales a los que aferrarme. A los que no soltarme jamás. Pero llegó sin esperarlo. Como un soplo de aire en una tarde de Agosto. No pude hacer nada para evitarlo. Tampoco quería. Y entonces pasó. Que del todo, pasó al nada. Y es verdad que nunca hubo un todo al 100%, y que quizás si hubo señales de un stop. Pero eran gritos silenciosos. Ahora dice que sabe que quiere. Y que además lo tiene. Pero no es lo que transmite a tiempo completo. Quizás sí, y sea yo quién no sea capaz de hacerse a la idea. Pero no puedo hacerme a la idea de algo que no tiene sentido.





miércoles, 13 de marzo de 2013

lunes, 11 de marzo de 2013

Sin querer ver...








No era habitual que le fallasen las primeras impresiones. Cuando algo/alguien no le entraba por el ojo, no solía equivocarse. Ella no entendía porque se empeñaba en dar oportunidades, si desde un primer momento hubo cosas que no le gustaron en absoluto. Bueno, puede que sí. Claro que sí. Estaba tratando de cubrir un vacío. Y no le gustaba entrar en ese grupo de personas que se refugia en otras para poder "olvidar". De la misma forma que no le gustaba sentirse culpable por algo, que sabía a ciencia cierta que no tenía culpa. De sobra conocía ese perfil de personalidad. Pero ahora, que la evidencia de un nada, era más que latente, resultaba imposible que su carácter fuese capaz de ocultarse y no dejase salir a la luz el desagrado ante ciertas situaciones. No podía evitar que le importase. Que le provocase dolor. No sabía cual era el mejor modo para no delatar su malestar. Ni siquiera había sido necesario un intercambio de opiniones. No había fluido una conversación. 
Él vivía en una ignorancia. Ignorancia con resquicios, por los que se dejaba entrever, con un alto grado de claridad, que no era tal el desconocimiento. Que sabía la existencia de un contexto lógico. Pero era mejor optar por lo sencillo. Hacer caso omiso. Era mejor evitarlo. Y sin darse cuenta, lanzaba piedras innecesarias, que sin quererlo estaban levantando un muro que marcaba la distancia. 


Él seguiría sin querer ver. 
Ella volvía a quedarse con la miel en los labios.  











sábado, 9 de marzo de 2013

No es orgullo. Es dignidad.

Si echo la vista atrás, a hace un par de años más o menos, quizás un poquito más, y hago balance de lo bueno y malo que me ha ocurrido en este tiempo, no tengo nada claro hacia que lado se inclinaría la balanza. Es verdad, que respecto, a lo que podemos llamar "profesional" he alcanzado todas las metas que me he propuesto, e incluso con resultados por encima de mis expectativas, y aunque hay una parte que aun está pendiente de un número, no deja de ser más que un mero trámite burocrático que tarde o temprano se solventará. Todo esto, es la parte que otorgaría a la balanza un equilibrio positivo. Pero, como siempre, hay una parte que ha salido mal parada, un poco catastrófica por así decirlo. Y es que, en lo "personal" no estoy acostumbrada a ganar. Todo me sale mal, o al revés de lo planeado. No he logrado alcanzar ninguna meta con éxito, porque siempre han ganado las piedras del camino. Puede, que esta sea la razón por la que rehuyo de mantener ciertas conversaciones, o por lo que dejo que el tiempo pase y se lleve consigo ciertos temas. 


No tengo las fuerzas, el valor o las ganas suficientes para comenzar un camino nuevo sin rendirme ante la más mínima turbulencia. Si doy, quiero recibir, al menos un gracias. Y si no recibo, que sea por un motivo justo, no que de la noche a la mañana desaparezca todo. Quiero tener cierta importancia, determinados privilegios, no ser una más de las muchas del montón al que recurrir cuando convenga. Hasta el más mínimo tropiezo me da miedo, me provoca abandonar la situación y alejarme. No quiero derribar muros, poner buena cara sin motivos, avanzar por un camino en el que quizás, sea la única que vea la meta de cierto modo. No quiero emplear mi esfuerzo y después quedarme con cara de gilipollas por perder una vez más. Puede que esto no me lleve a ningún lado, o quizás sí, pero no estoy en el momento indicado para quedarme al lado de alguien cuando veo claramente que no me necesita. Ya he sido el juguete que siempre ha estado perenne para cuando ha interesado a la otra parte durante muchas veces, y no quiero que se repita una vez más. De la misma forma que vino todo, se ha ido. Y no voy a ser yo quién de más pasos, cuando he dado suficientes y se les ha hecho caso omiso o simplemente se han ignorado ciertos detalles que valían más de lo que aparentaban. Egoísta o no, no voy a hacer nada que no sienta.  No es orgullo. Es dignidad.



jueves, 7 de marzo de 2013

b r o k e n d r e a m s



No es malo hacerse ilusiones. La raíz de todo lo malo que ello conlleva, radica en hacerse ilusiones teniendo motivos suficientes para que estas fluyan, y que después, en un momento dado, todos esos motivos desaparezcan. Sin razones aparentes. Es una encrucijada en la que las hipótesis se amontonan, formando una pila de argumentos, que antes o después caerán. Lo único que tengo claro, es que no estoy hecha de una pasta capaz de revivir historias que abren antiguas y nuevas heridas. 





martes, 5 de marzo de 2013

viernes, 1 de marzo de 2013

Creo, que podría definirle como la persona que más he querido en el mundo.

Diversas ideas pasean a sus anchas por mi cabeza desde hace días. Ninguna toma una forma concreta. Son tan abstractas que parecen fantasmas procedentes de una realidad paralela. Todas giran en torno a un tema. Dan vueltas, con sus cadenas incluidas, provocando un silencio punzante. Sigue ahí. Vaga por mis pensamientos. Por mucho que quiera evitarlo, su ausencia, aún me duele. Y admiro su capacidad de olvidar. De dejar atrás y avanzar. O al menos, de poder continuar, sin aquellos días en los que era imposible concebir unas horas distanciados. Creo, que podría definirle como la persona que más he querido en el mundo. Y no me refiero a un querer enfermizo. Porque la enfermedad... es esto. Que ahora no está y el dolor nadie lo calma. Su ausencia quema. Y las agujas del reloj ya no avanzan marcando un futuro a su lado. La forma de quererle, era y es, algo que nadie más había provocado. Se convirtió en un experto en sacar lo mejor de mi. Capáz de poner color hasta a los asuntos más grises y de hacerme sentir orgullosa de él. De mi. De nosotros. No me importaba tocar fondo pasa posicionarme en el subsuelo antes de que él cayese. Levantarle era lo más bonito del día a día. Trepar por su dolor y plantarle cara a sus miedos, por muy oscuras que fuesen sus fauces. Y si hay algo que jamás podré borrar de mis recuerdo, es su mirada aquél día. Dejó todo, y con sus ojos me dió el abrazo más bonito del mundo. El muro que protegía su corazón, terminó hecho pedazos en el contenedor de la avenida del pasado. Se abrió un camino hacia la plaza del presente, con billete a un futuro mejor. Pero ese día. también fue el último, en el que existió un nosotros. Ahora... no tengo nada. Por que los buenos días ya no suenan de la misma forma aunque salgan de la boca más perfecta, y los besos de buenas noches, solo sabe darlos él. No tengo esa tranquilidad que me transmitía cada milésima de segundo. Tampoco ese brillo en la mirada que provocaba cuando me anteponía ante todo. Algo se rompió y lleno de grietas el presente. Tengo un abono constante a echarle de menos. Y ahora la que tiene miedo soy yo.