A pesar de que ha pasado el tiempo, hay noches en las que aún sigues siendo el tema preferido para pasear por mi cabeza justo antes de dormir, y es en ese momento, cuando mi espina dorsal despierta y siente un cosquilleo capaz de volver mi piel más sensible que de costumbre. Es entonces, cuando hasta el roce de la sábana me molesta, por que soy consciente de que la importancia que todo aquello merecía, solamente se la otorgaba una parte, y no eras tú quién se la daba. Me invade la rabia, y aunque hace días que no ocurre, aun no puedo descartar que de mis ojos broten pequeñas gotas saladas que acaben resbalando por mis mejillas sin un destino concreto. Y no es que me arrepienta, simplemente, quiero que llegue ese momento en el que se convierta en capacidad el poder olvidar. El dejar de buscarte en otros ojos. Dejar de sentir tu vacío. Tu esencia no está en otras conversaciones, ni lo estará. No va a llegar nadie que alcance tu nivel. Por eso mismo, quiero que te quedes paseando por mi cabeza, pero como algo pasado, anclado ahí, en un lugar sin retorno, sin la más mínima esperanza de poder recuperar todo aquél tiempo. Sin tener que seguir siendo quién no soy. Nunca olvidarte, pero si poder pasar página. Solamente eso. Que las manecillas del reloj avancen a un ritmo mucho más rápido, por que a su ritmo normal, el tiempo, no está sirviendo de nada.

La vida fluye entre frases de canciones, días de sol o lluvia, y viajes entre las páginas de los libros, aportándole motivos para soñar. Hay sueños y sentimientos que si nunca ven la luz, ni sienten el calor del sol, formarán a pasar parte de recuerdos olvidados que tarde o temprano acabarán congelándose de tal manera que nadie se acuerde de ellos. Los elegidos tendrán el privilegio de transformarse en textos que inunden tu mirada.
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