sábado, 8 de enero de 2011

Leyendas urbanas.

Todo surgió de una conversación de esas en las que te ríes por no llorar. Que tienes la sensibilidad tan a la vista, que todo te produce nostalgia. Acabamos hablando de leyendas urbanas, de eso que todo el mundo ha oído hablar pero nadie ha visto... la creación del mundo, los dinosaurios, príncipes, princesas, amistades eternas, finales felices fuera de los cuentos y películas... pero como en todo, también hay excepciones. Porque nadie elegimos los finales de las historias. Pasan sin más. Unas veces nos vemos capaces de luchar contra todo, de olvidar errores, de perdonar fallos, de seguir hacia adelante en el mismo camino por mucho sudor que nos cueste y muchas lágrimas que te haga derramar. Y otras... sientes un vacío tan grande dentro de ti, que no soportas más el dolor y aunque vaya en contra de tus propios principios te das cuenta de que lo mejor es abandonar y enfrentarte al riesgo de perder para siempre el rumbo. No somos capaces de parar el tiempo... y cuando este siga avanzando el riesgo aumentará... pero es algo proporcionalmente inverso, ya que, a medida que aumente el riesgo disminuirá el dolor, el vacío... pero es que si fuésemos superficiales, robots... posiblemente cometeríamos muchos menos errores... pero ellos no tienen sentimientos, para ellos el tiempo no existe. No pueden aliarse a él y ver desde cualquier otro punto de vista que siempre quisimos hacerlo todo de la mejor manera posible. Y cuando todo pase a formar parte del pasado, cuando no duela, pero siga el vacío, seguiremos creyendo en las leyendas urbanas, por que al fin y al cabo ellas tienen muchos de los ingredientes para ser capaces de seguir teniendo la oportunidad de dar marcha atrás y ver que lo único que siempre pretendimos fué que esa otra parte del camino siguiese soñando, respirando, sonriendo... viviendo.













Al menos no somos robots... 
podemos seguir guardando en el recuerdo todos aquellos momentos.

viernes, 7 de enero de 2011

Soy...

...de esa clase de personas que antes odiaba dormir y ahora lo adora. Igual que adoro comerme un trozo de chocolate cada día o de vez en cuando spaguettis a la carbonara. Me encanta pulsar el play de la lista de música de mi reproductor y escuchar pop, me desahogo con el rock y me siento libre con las bases de hip hop. Tengo más amigos fuera que dentro de mi ciudad. Me gusta llevar las cosas al día aunque ultimamente me haya dormido en los laureles y soy incapaz de no comerme hasta la última de las chucherías de la bolsa como si me fuese la vida en ello. No creo en los para siempre, si en los día a día. Si pudiese iría pisando los colores de las baldosas y siempre cuento las rayas de los pasos de cebra. Uno de mis vicios confesables son las zapatillas, los inconfesables son propiedad de un grupo reducido de personas. Dije nunca y no lo cumplí, grité jamás y se convirtió en rutina. Odio lo material y lloro con las frases en papel. Uno de mis sueños se llama Sevilla y mi amor platónico es la felicidad.
 

miércoles, 5 de enero de 2011

Magia.

Lo mismo de siempre, al acabar de comer necesito mi dosis de café, igual que nada más despertarme, pero hoy he pasado por alto el primer café del día... ha sido un comienzo raro...
Dicen que hoy es el día de la magia por excelencia, de la inocencia, de la ilusión, esa ilusión que hasta los mayores mantienen porque a pesar de que se rompa... siempre hay detalles que te hacen pensar que pueda existir algo mágico que cumpla tus deseos. Sinceramente... estoy deseando que se acabe el día de mañana... no tengo derecho a quejarme, han sido unas vacaciones realmente buenas, pero no he sabido estar a la altura de las circunstancias. Perdí el rumbo, los papeles, dejé de pensar en mí... dejé que saliesen por la puerta ilusiones, metas, dejé de valorar pequeños detalles, escuché demasiado. Siempre me pasa lo mismo, sé perfectamente que decir y hacer cuando los demás me necesitan, el problema es que nunca encuentro la manera de aplicarme mis propios consejos.
Ante mis ojos todo un año por delante... tengo ganas de exprimirlo al máximo. De reencuentros y abrazos fuertes, de paseos, risas, de fiestas, conciertos, viajar, de que me dé la oportunidad de tener cerca a personas que están lejos pero hacen el día a día más sencillo de llevar... No quiero más días raros, inseguros, perdidos, no quiero dejar de sonreír, porque nunca sabemos cuando se va a acabar todo esto, y me niego rotundamente a seguir perdiéndome la cantidad de cosas buenas que hay ahí afuera.

 
 
 
 
Si la vida fuera un día
ni siquiera sé que haría,
dejaría de pensar en tonterías
cogería mi maleta y partiría
de repente, sin pensarlo ni un segundo
sin saber dónde me iría

Si la vida fuera un día, quizás,

saldría en busca de alegría,
de sitios y de nuevas compañias
nada me pararía, nadie me lo impediría
sería libre, y, solo a mi corazón escucharía
 
 
 
 
 


 

martes, 4 de enero de 2011

Why do you dance¿?

- Quiero hacerte un par de preguntas... ¿Por qué bailas?
- Porque es como respirar, es como andar para mi...
- Porque no fingo... Cuando bailo no estoy fingiendo
- Soy más yo misma cuando bailo que en cualquier otro momento del día
- Bailo para... transformarme en otra persona
- Hay muchas cosas en este mundo que te oprimen... pero cuando bailas eres libre
- Empezamos a bailar a los siete años, en nuestra casa, en el salón... era bailar y bailar... copiando a Michael Jackson
- Yo iba escuchando la música en el supermercado, bailando por los pasillos y eso, y ella me decía ¡controlate! y yo en plan ¿como? ¡no puedo parar! ¡tengo que hacerlo! ¡tengo que hacerlo!
- Cuando todos se iban a dormir... yo abría el garaje y... ensayaba.
- Entonces fue cuando supe que me encantaba, porque nunca había dedicado tanto tiempo ni esfuerzo a algo en mi vida.
- No es solo dar saltos... el baile tiene un vocabulario


 






-... y si escuchamos con atención veremos que tal vez todos estemos enchufados a la misma canción...







Y para mi esa canción ha significado levantarme sin tener motivos para hacerlo, tener a mi lado a personas que han llegado de la nada, pero a día de hoy son tan importantes que han sabido estar ahí cuando más las he necesitado y han sabido buscarme una sonrisa por muy abajo que haya estado. Esa canción y el baile son motivos que me hacen mantener ilusiones vivas, que me demuestran día a día que lo más sencillo es lo que más aporta, lo que más llena. Es lo que me provoca el dejarme llevar, el sentirme libre. No tener miedo. Ver la realidad tal y como es, y no como el resto la quiera pintar. Es una forma de vida, vida de la calle, donde no hay diferencias, donde todos somos iguales.  Y en parte la he dejado de lado, espero que no sea tarde para volver a ella. La echo de menos.




Y a tí...  

¿Qué ilusiones te hacen mantener la sonrisa?

sábado, 1 de enero de 2011

Nocuentos.

- Cuéntame un cuento...
- Venga a ver...
- Pero en serio...
- Érase una vez... una niña rubia...
- Ya te lo estás inventando...
- Quietita... la cuál vivía con su madre ...y le dice "¡ Nena ven ! llévale estos pastelitos a la abuelita, pero ten cuidado, ve por el camino bueno, que por el camino malo está el lobo"
- ¿Hay un lobo?
- Vale, la chica decidió desobedecer a su madre, y tiró por el camino más corto... el cuál es más peligroso, y el ambiente se convirtió en tinieblas, oscuridad, tristeza... y de la nada.. ¡ salió un gran lobo feroz ! chun chun, chun chun ¡ Caperucita ! ... y tomó la decisión de convertirse en abuelita, y esperar a caperucita roja, a que llegara pa'comersela 
- ¡ No ! ¡ se la comió a la abuela !
- No se la come... se queda en el armario... y en esto que llega caperucita roja.. - Hola abuelita ¿como estás? - Pues aquí hija aguantando el tirón - Huy abuelita pero que boca más grande tienes ¿ No? - Sí... ¡ es para comerte mejooooor ! 
- ¿Moraleja?
- La moraleja del cuento es... no te fíes de los desconocidos...
- ¿ Esa es?...
- Nunca... y yo soy un desconocido...
- Entonces no me fío de ti... 
- No...


 



- A mi me da igual lo que diga la gente tío... soy feliz, la gente que me conoce es feliz y punto...
- ¿ Tú eres feliz ?
- Muy feliz... demasiado feliz.


Existe un tipo de felicidad que solamente se manifiesta cuando dejas que los desconocidos te cuenten cuentos... el corazón comienza a funcionar a un ritmo diferente al de tu cabeza, y llegas a fiarte tanto de ellos, que lo único que te provocan es dolor.  Se convierten en tu día a día, en sonrisas y pequeños detalles que van ganándose esa parte de ti que nunca debieron conocer. Te atrapan de tal manera que llegan a ponerte una venda en los ojos... lo malo es que después no están ahí para ponértela en el corazón. Pero los cuentos forman parte del pasado. Les he cerrado las puertas. No quiero escuchar ninguno más. Prefiero conocer cosas nuevas, nuevas sensaciones, dejarme llevar por lo que me incite cada momento, cada circunstancia... sin  preocuparme del resto. No me importa lo que opinen los demás, no quiero seguir construyendo mi corazón a base de heridas sin tapar... Puede, que me esté equivocando, que esté escogiendo el peor de los caminos, que incluso hasta haga daño y me haga daño a mi misma. Pero me he cansado de necesitar vendas o tiritas que remienden las páginas rotas de mis cuentos. Ahora es el momento de los nocuentos.